
La habitación condensa una humedad inexplicable; Mr. Jackson suena en los altoparlantes con un delay de segundos que se pegan en el cuerpo de todos los presentes. Somos un pastiche de realidad, una alucinación, un espejismo nocturno de ruta al sol quemante de Diciembre.
La nena Boba cruza su brazo por sobre Armanda y toca a Julia. Arranca un diálogo incomprensible. L aboba no tiene idea de a quien se está dirijiendo, por eso la ausencia de miedo. Julia y Armanda desprenden baba de la boca y de la yugular. Un cordero suelto se ata a las fauces de los lobos.
Nena Boba: - ¿Te podés parar por favor? NECESITO ver tu estilo.
Julia: Me duelen los pies.
Nena Boba: - Ah! ¿Estuviste bailando mucho?
Armanda arma un cigarrillo, con impaciencia, con ansiedad. (Con un deseo en el fuero interno, de patearle la cabeza al cordero y comerselo).
Nena boba: ¿Me das un poco?
Armanda: No es un porro. (Se lo alcanza... como miel para moscas se lo pone entre los dedos).
La nena Boba piensa que su vestido no vale el glamour que el humorismo despliega ante sus ojos. Se muere de envidia, el vegetariano corderito. Prueba el cigarrillo. Lo devuelve. Armanda y Julia vuelven a las palabras. La Boba se queda sola, eventualmente se levanta.
Nena Boba: Chau, amorosa.
Armanda le coquetea insolente como una fiera y le clava los ojos como dientes. La presa comprende: se aleja en su vestido de plumas mojadas.
The Arm Man corre el velo del pasillo.





